El vendedor de sueños

Principios, justificaciones, ficciones.

Archivo para Julio 2008

En el 2000*

sin comentarios

Si hay que señalar un momento en el que Gonzalo aprendió a no desmoronarse ante condiciones adversas, se debe remembrar el año 2000. Muchas veces los héroes forjan su carácter superando momentos críticos en guerras, defendiendo a la nación u otras empresas bélicas, que no hacen más que restar sensibilidad al alma. Pero, en vista que no tiene oportunidad de probar su hombría al frente de un pelotón, el ciudadano de a pie debe aprender a desarrollar habilidades similares en otras faenas, que no por ser belicosas son menos encomiables.
Algunos años después, Gonzalo habría de recordar aquella desventura con una sonrisa secundada por pensamientos nostálgicos; bien dicen los llenos de días que todo tiempo pasado fue mejor. No mejor porque el actual sea malo, sino que se tiene la sensación de insatisfacción en el momento actual; porque exagerando el sentido del dicho, en el futuro el tiempo actual será mejor, y al final quedamos en que el momento en el que vivimos es el mejor de todos los tiempos.
En ese año Gonzalo vivió una serie de situaciones, pero una en particular lo marcó. Fue un sábado de agosto. En Lima los inviernos no son como los venden en la películas, no llueve como cuando Helent Hunt besa a Tom Hanks en “El Náufrago”, no. Sin embargo, también hay historias de amor sin lluvias; y también se rompen corazones sin tal lluviecita. O eso era lo que Gonzalo creía.
Hasta que la protagonista de las cartas enamoradas escritas por Gonzalo no le hiciera saber, por vía escrita -irónicamente-, al mismo Gonzalo que ya no quería ser más la protagonista de sus cartas, éste hubiera continuado dándole el rol protagónico a ella, la musa que quería jubilarse. Y ella, que para roles protagónicos ya tenía un nuevo guionista, hubiera terminado odiándole, de continuar haciendo caso omiso de los derechos de publicación. Pero los detalles de esta relación no vienen al caso. No es con quién se quedó al final la protagonista lo que habría de recordar Gonzalo con una sonrisa secundada por pensamientos nostálgicos, años más tarde. Ni tampoco esta desventura le llevaría a afirmar que todo tiempo pasado fue mejor; porque la experiencia no lo vale… aunque de cartas sin protagonista el tipo ya sabía.
Lo que Gonzalo habría de recordar años después con una sonrisa secundada por pensamientos nostálgicos era que a partir de ese momento ya no se ilusionó con el mismo ímpetu cuando de conceder roles protagónicos a sus cartas se trataba. Y esto quedó sellado con juramento. Juró por todo lo que su religión le permitía: que ella se arrepentiría de haber dejado cartas inconclusas, que sería Presidente del Perú y lamentaría haberlo dejado… y otras arengas que sería humillante mencionarlas.
Antes, Gonzalo acostumbraba ir donde el mejor amigo de turno más cercano a desparramar sus argumentos tristes, llenos de piconería, presto a escuchar el consejo amigo. Pero esta vez no. Esta vez, a una cuadra del epicentro de la ruptura, se propuso afrontar el desplante solo.
Los héroes guerreros se sentirían insultados de haber sido objetos de comparación ante tal inadvertida experiencia; y tamaña ofensa lo vale. Sin embargo, lo cierto es que Gonzalo sintió haber ganado una guerra: la guerra de las libres concesiones, por llamarla de algún modo. Años más tarde la figura se repetiría algunas veces más, con otros protagonistas, pero Gonzalo ya no se desmoronaría. Acaso algo de sensibilidad perdió, pero hizo un “pacto honrado son la soledad”, como bien lo escribió Gabriel García Márquez en referencia a la sensibilidad de Aureliano Buendía. Y bien que disfruta de la introspección en los brazos de la soledad.
¡No se ofendan guerreros! que ante falta de guerra para probar carácter, bien valen situaciones cotidianas; aunque no se haya vivido mucho, diecisiete años lo valen.
Gonzalo aún recuerda esa, ahora mal llamada, desventura con una sonrisa secundada por pensamientos nostálgicos; pero esta vez sí con la lluvia como compañera, aunque sea diciembre.

*Publicada el 28 de diciembre de 2006 en Chalo, el chico del lunar en medio de la frente.

Escrito por gonmipaa

Julio 8, 2008 a 2:22 pm