El vendedor de sueños

Principios, justificaciones, ficciones.

La soledad inspira

con un comentario

La soledad inspira.

Sin embargo, nadie desea quedarse solo.

Hay un cuento muy significativo de Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994) llamado Al pie del acantilado. Quien lo ha leído sabe a qué me refiero cuando trato de transmitir la soledad que envuelve a Leandro a medida que se va quedando sin sus seres “queridos” —por llamarlo de alguna forma—, teniendo como único compañero al mar.

Los cuentos de Ribeyro siempre me sensibilizan. Mientras los leo el corazón se me sube a la garganta, pues sé que algo trágico va a pasar al final; mas no puedo despegarme, pues Ribeyro tuvo la facultad de arrancarle sentimientos hasta a las piedras.

La soledad es un sentimiento de carencia de compañía, puede ser voluntaria o involuntaria. A veces la soledad eleva, pues deja el camino abierto para la meditación y la inspiración; pero otra veces la soledad mata de a pocos, pues priva a uno del sentimiento humano de estar acompañado de otro congénere. A veces la compañía no es la mejor, pero es compañía después de todo. Y aunque en un primer momento uno quisiera quedarse solo para no ser molestado por algún impertinente, mientras se está solo uno termina por admitir que la compañía siempre fue necesaria.

Debe ser muy triste quedarse solo, en la nada. Yo le temo mucho a eso. Yo no tengo hermanos y a veces me pongo a imaginar que si algún día mis padres me faltaran me quedaría solo, claro, si no tuviera una compañera. Y de solo pensarlo se materializa la tristeza a mi costado.

Pero son en esos momentos de soledad cuando se vislumbran las ideas más profundas. Es cuando se presta atención a la voz interior el momento en que nace la resolución para llevar a cabo decisiones trazadas. Y, para fines personales, es sólo bajo esta condición cuando la inspiración aparece y la creatividad se abre pasos a zancadas

Bienvenida soledad.

Escrito por gonmipaa

Mayo 25, 2008 a 8:09 pm

Escrito en meditación

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Una respuesta

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  1. En soledad mi corazón habla conmigo, me deja oír su voz susurrante que en compañía no se permite escuchar. En breves momentos la soledad me ha dejado, y es aí cuando en verdad conozco de soledad, pues ni ma misma soledad me acompaña.
    Saludos de una alma ausente y herida.

    symurs

    Diciembre 22, 2008 a 11:09 am


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