Archivo para Enero 12th, 2008
Permuta de temores
La utilización de la palabra ‘permuta’ lo hago en alusión a un episodio que ocurió en una reunión de los HHJJ de mi barrio hace algunas semanas atrás. Cuando Alan —quien dirigía dicha reunión— utilizó esta palabra provocó gracia en los demás. Es una palabra bien utilizada, pero provoca risas ¿no? Suena chistoso.
Bueno, pero no es de la palabra de lo que quiero hablar, sino de los temores que uno siente a lo largo de su vida. Porque uno siempre siente temores, desde que se es un niño. Jamás he visto a nadie como “Juan sin miedo”, el protagonista de aquel cuento infantil del mismo nombre que no temía a nada ni nadie.
Cuando yo era niño tenía miedo a muchas, muchísimas cosas. Pero siempre tenía la esperanza de que cuando fuera grande perdería esos miedos. Pero no, pues, si bien he perdido esos miedos infantiles, hoy han cambiado, permutado, por otros miedos. De niño le tenía pavor a la oscuridad. Cada vez que despertaba en la madrugada ya no podía conciliar el sueño nuevamente, pues pensaba en mil cosas que podría sucederme antes del amanecer, y sólo me quedaba dormido… de miedo. Y para colmo de males mi niñez fue la época en que Sendero Luminoso y el MRTA tenían como deporte volar torres eléctricas.
Otro temor pueril que el que le tenía a las polillas. Sí, leyó bien, a las polillas: esas pequeñas mariposas nocturnas cenicientas, de alas estrechas y cabeza amarillenta. Así que imagine esta escena: Gonzalo quiere dormir pero no puede, así que como no puede dormir tiene la luz del velador encendida y como es la única luz encendida en la casa un ejército de polillas cenizas y despiadadas revolotean amenazantes cerca a su cabeza. Gonzalo apaga la luz para escapar de las polillas, pero la oscuridad irrumpe en el dormitorio con su respiración fría y acosadora… Gonzalo prende la luz: las polillas se confabulan con la oscuridad y toman la posta en el ataque al indefenso infante. ¿Acaso no es una escena digna de Hitchcock?
Otro temor que tenía era al iracundo brazo de mi papá. Claro que esto era manejable, pues respondía a mi comportamiento. Por eso yo ya había aprendido muy bien que nunca debía hacer ningún comentario, ni a favor ni en contra, cuando la selección peruana de fútbol o la “U” está abajo en en el score. Y también ya había aprendido mil formas de zafarme de los exámenes con bajas calificaciones, pues de llegar a enterarse su brazo habría de ejercitarse mucho, y qué necesidad había de causarle fatiga.
Y puedo seguir remembrando temores, pero desnudaría muchas de mis debilidades, además de aburrir (a quién le importa, por ejemplo, el miedo a comer fuera de casa). Hoy le temo quizás a más cosas que antes. Pero uno aprende a convivir con sus miedos. Definitamente los miedos de ahora son diferentes y son para tomar constantes precauciones.
¿Y cuáles son sus miedos?












